miércoles, 4 de mayo de 2016

It's a Beautiful Day to Save Lives, capítulo tres.

N/A: Tengo la semana algo tranquilita... algo, pero la que viene es de locos, y bueno... la siguiente ya ni os cuento, así que, como ya había acabado el capítulo, pues me he dicho: voy a subirlo... Pa' por si... 
En fin, aquí os dejo el tres, espero que... os guste. No lo he pasado precisamente bien escribiéndolo (de hecho, alguna que otra lagrimilla se me ha escapado... en mitad de clase D:)... Y también he tenido que investigar sobre el tema... He de decir, que lo he intentado hacer lo más real posible... Yo no he estado nunca en esa situación (gracias a Dios)... Así que, quejas, fallos, etc, etc... A mí, supongo. Espero que os guste. 
ACLARACIÓN: letra normal: tiempo de narración (actual, vaya). Cursiva, recuerdos.
Capítulo tres.

"No podemos prever lo que la vida va a depararnos.
Las mayores alegrías se vive cuando menos se las espera."
                                                -El Principito.
¿Te ha pasado alguna vez que, has estado durmiendo tanto tiempo que no has podido abrir los ojos, moverte o casi, ni pensar con claridad?
Durante un buen tiempo, mi vida fue básicamente eso, un pesado sueño del que no podía despertar, en el que no era dueño de mi propio cuerpo...


  -¡¿Doctor?!- gritó una angustiada voz. -¡Está teniendo otra convulsión!
-¡911! Llama...- con una fuerte oleada de dolor la voz se desvaneció, el dolor atravesó mi cuerpo como una tonelada de cuchillas cortando mi piel, espasmos involuntarios se apoderaron de mí...
¿Qué está pasando? ¿voy a morir? oh, Dios... Voy a morir aquí solo, en la oscuridad y soledad de la profunda prisión de mi cuerpo y mente... Y todo en lo que podía pensar antes de que una cálida sensación de tranquilidad me invadiera era: no puedo morir... no puedo morir... me necesitan...
Pero...¿quién? ¿quién me necesita tanto como para tener que sufrir todo este dolor?


  El ambiente del bar era animado, precisamente todo lo que necesitaba para levantarle el ánimo...
La confusión se apoderó de mí y casi podía sentir el fruncido de ceño a través de mis párpados cerrados...
...¿Cuál es tu historia?- recordó haber preguntado hace muchísimo tiempo, mientras miraba unos brillantes pero algo atormentados ojos verdes. -No tengo historia... -Respondió al cabo de un tiempo una melodiosa voz -Solo soy una chica en un bar...-

  Al principio, la blanca luz cegadora ante mis ojos me asustó... ¿Estaba muerto? Todo el mundo esteriotiza la muerte como una luz blanca al final de un túnel, un lugar idílico lleno de ángeles, donde no existen ni el dolor ni el sufrimiento... Conforme fui siendo más alerta, fui dándome cuenta de que definitivamente no estaba muerto: mis sentidos estaba alerta, mi nariz captó un fuerte olor a antiséptico, hospital, pensé... Mis oídos dolían con el incesante bip, bip, bip, que pronto descubrí que era el ritmo de mi propio corazón.

  Un fuerte dolor se apoderó de mi cráneo haciéndome cerrar rápidamente los ojos... Mis oídos captaron lo que parecía ser un chillido ahogado, mi garganta entró en escena, me dolía, intenté tragar saliva para calmarla pero algo la aprisionaba...
Intenté, aún con los ojos cerrados, llevar una de mis manos hacia el objeto extraño en mi boca... No podía mover los brazos, no podía mover cualquier extremidad de mi cuerpo... ¿Por qué?

  El nerviosismo me invadió por primera vez... ¿Dónde estoy? ¿por qué no puedo moverme? ¿por qué...?
El incesante pitido del monitor cardíaco me sacó de mis pensamientos... De pronto, un gran barullo de médicos y enfermeras se adentraron en la habitación... Palabras confusas se oían por la estancia...


  -Está teniendo una convulsión... Diez de Diazepam -Ordenó una voz haciéndome encogerme por el tono alto que esta tenía.
A través de la bruma de confusión, un destello de verde captó mi atención.. Ni siquiera me había dado cuenta de que había abierto los ojos, intenté concentrarme y cuando mi confuso cerebro lo procesó, pude ver unos grandes y aburridos ojos verdes...¿Era esta la chica del bar?
-Cariño, tienes que calmarte, tienes que calmarte o volverás a tener una mala convulsión... -Dijo la chica de ojos verdes en un tono suave y afectivo. 

  Las ininteligibles palabras de la mujer cayeron en el olvido para mi cansado cerebro, pero el tono suave y afectivo de ésta calentó mi corazón, tranquilizándolo... Una suave mano tomó la mía propia y me perdí en la calidez de esa mano... Por primera vez en todo el tiempo que llevaba despierto en esta pesadilla, no me sentí ni solo, ni asustado...

  -No puedes ponerle nombre, Christine... No es un cachorro perdido... Es un hombre, al que a lo mejor está buscando su familia...- Una voz exasperada llegó a mis oídos, haciéndome salir de mi estado de perpetuo cansancio y confusión. 
-Pero, Cintie, lleva más de dos años aquí, si alguien lo hubiera estado buscando... ¿No crees que ya lo hubieran encontrado?

  ¿Dos años? ¿llevo dos años siendo un prisionero de mi propio cuerpo y mente?
Un angustioso grito ahogado retumbó en la habitación y mi corazón se detuvo momentáneamente al darme cuenta de que yo mismo era el emisor de tal estrepitoso sonido. El cálido peso de una mano cayó sobre la mía propia... -Shhhh- dijo una voz a tiempo que acariciaba mi mano.
-Joel, tienes que relajarte, cielo...-volvió a hablar la dulce voz, -tienes que calmarte, cielo, o volverás a tener una convulsión...- terminó la voz, a tiempo que esta vez sentía como la cálida mano de la mujer acariciaba su rostro. 

  ¿Cómo me puedo llegar a calmar? pensé, mientras mis ojos vagaban perezosamente alrededor de la estéril habitación del hospital... Pero, vuelvo a pensar: ¿cómo me puedo relajar cuando estaba tan indefenso, tan asustado?
Sentí algo caliente derramar por mis mejillas, pero no fui consciente de que eran mis propias lágrimas hasta que no intenté volver a evaluar mis alrededores y todo lo que pude ver fue un borroso paisaje visto a través de una cortina de opacas lágrimas.

  La voz de la chica de ojos verdes se hizo eco por toda la habitación, palabras de consuelo fueron susurradas en mi oído, haciendo que por fin pudiera relajarme un poco hasta llegar a caer de nuevo en las dulces garras del sueño.

  La próxima vez que me desperté me fue mucho más sencillo hacerlo, como si mi cerebro hubiera decidido por fin deshacerse de todas las telarañas que la confusión había tejido en él...
-Joel, despierta, cielo...-habló la aguda voz de Christine, haciendo que abriera los ojos y la mirara, la confusión escrita en mi rostro. Ella me sonrió. -Me encanta verte despierto, Joel...-Dijo a tiempo que acariciaba mi pelo en lo que intentaba ser un gesto de consuelo... -Tienes unos ojos azules preciosos, ¿sabes?- su sonrisa se hizo aún más grande y sus caricias más insistentes.
Fruncí el ceño sin atreverme a mover ningún musculo de mi cuerpo... ¿Joel? ¿Es ese mi nombre? Intenté pensarlo, todo se sentía tan extraño, incluso mi propio nombre se sentía como si... no me perteneciera. Intenté más duramente pensar en ello, pero tan solo podía llegar a un gran vacío, el cual me angustiaba profundamente. 
-Joel, cariño... cálmate - volvió a hablar la dulce voz, a tiempo que haciéndome enfocar de nuevo hacia la cara de la mujer, quien rápidamente se acostó junto a mí en la pequeña cama de hospital, y acarició mi rostro y pelo mientras susurraba de nuevo palabras tranquilizadoras en mi oído... 

  Palabras que, junto a las caricias consiguieron calmarme y arrastrarme al preciado olvido del mundo del sueño... Elígeme, escógeme, ámame... Fue lo último que pensé antes de caer en las garras de Hipnos.
Tras eso, las próximas veces que desperté fueron mucho más sencillas y menos aterradoras que las anteriores...

  La dueña de la voz, que posteriormente había descubierto que se llamaba Christine, estaba ahí cada vez que lo hacía, acariciando mi pelo, susurrando palabras de consuelo, intentando calmarme... Algo por lo que le estaba profundamente agradecido porque la soledad me asustaba muchísimo.

  Poco a poco, el tiempo fue pasando, los días se convirtieron en semanas, las semanas en meses y los meses pasaron a ser tres años, tres años en los que había aprendido tantísimas cosas...
Todo seguía pareciendo tan...extraño. Había aprendido que mi nombre era Joel Simons, que había tenido un accidente y que mi pronóstico no era demasiado bueno... Era básicamente un milagro que hubiera despertado del coma en el que estuve.

  A lo largo de los meses que siguieron a mi milagroso despertar, tuve que aprender tantísimas cosas... A andar, a hablar, a hacer todo por mí de nuevo, a volver a ser yo...
Mi vida entonces giraba en torno a mil y una terapias ocupacionales.
-Vamos, Joel, sabes lo que es esto... solo debes concentrarte- dijo Sandy, la logopeda, con una mirada esperanzada en su rostro, la cual solo sirvió para acrecentar mi enfado y frustración. Estaba cansado, me dolía la cabeza y no podía decir el estúpido nombre de la pieza que sujetaba en su mano. 
-N-n-no p-pu-pu...- empecé a decir, pero no pude acabar, a pesar de todos mis esfuerzos, era como si mi boca y mi cerebro no quisieran trabajar juntos...; Afasia, una de las tantas secuelas que me había dejado mi estúpido accidente... 

  Pero, a pesar de todo, lo que más me había costado era... Aprender a amar... Aprendí a amar cada pequeña cosa en esta vida, aprendí a amar los primeros rayos del sol naciente por la mañana, el helado de fresa, los barcos, la brisa marina en su rostro, la sensación de la arena mojada bajo sus pies, la lluvia...
Sin embargo, a pesar de todo, aún no había aprendido a amar lo más importante: a Christine, mi esposa....

  El peso del anillo descansando en mi dedo anular se sentía extraño, miraba el anillo con el ceño fruncido... Se sentía raro, como todo en mi vida desde que había despertado... -Es un anillo- Explicó Christine con una mirada de puro amor en su rostro. 
No dije nada, hablar ya no era lo mío, tampoco era importante, aunque tampoco sabía si lo había sido antes de despertar en ese hospital...
-Yo...Te di ese anillo... El día que nos prometimos amor eterno...-Terminó de decir, esta vez con una mirada triste en sus ojos. 

  -¿Que nos prometemos?- Recordé haber preguntado hace muchísimo tiempo, tanto que ni se acordaba.
-Que nos amaremos toda la vida...- Respondió esa voz, la voz que me perseguía en todos mis sueños, la que despertaba en mí una sensación muy... Indefinible.

  Amar... Es un concepto tan extraño... ¿Había amado alguna vez? ¿Sería capaz de amar a Christine tanto como ella me amaba?
Ni siquiera lo sabía... aunque de lo que estaba muy seguro era de que lo intentaría...


"Es triste olvidar a un amigo.
No todos tienen uno".
              -El Principito.


N/A2: Espero que hayáis disfrutado el capítulo, a pesar de que sé que es algo lioso, pero necesitaba escribir el punto de vista de Joel... 
Muchísimas gracias por leer, los comentarios son muy preciados. 
¡Nos vemos en la próxima! :)

sábado, 30 de abril de 2016

It's a Good Day to Save Lives, capítulo dos.

N/A: Tenía este capítulo escrito desde ayer, y parte del tercero... Así que, como estamos en fiestas (y seguramente mis padres me arrastren a cualquier lado), pues he decidido publicar hoy mismo...
HAY UNA COSA QUE ACLARAR: sé que en el primer capítulo dije que Mere se había ido a NYC con su nuevo noviete, Will, sin embargo en este está aquí... en fin, sí, un despiste, pero en mi defensa he decir que sí, la muchacha se fue a NYC, pero Will la dejó y aquí está... En fin, no me enrollo más.. Sin más os dejo con el capítulo, espero que os guste. 


Capítulo dos.

Un "adiós" se llevó los años más felices de mi vida....
Hoy se cumplían cinco años de la muerte de Derek Shepherd y Meredith Grey se sentía vacía, tan muerta como el amor de su vida...
Durante las primeras semanas, los primeros meses, su vida transcurrió como un mal sueño, un mal sueño del que no podía despertar: la llamada telefónica dándole aviso del fallecimiento de su esposo, el entierro de Derek, su huida apresurada con los niños, su milagroso embarazo, la vuelta a casa tras el parto, la soledad y tristeza que desprendía cada estancia de la casa después de la muerte de Derek, la incipiente tensión entre Amelia y ella... Todo parecía aún un mal sueño del que esperaba despertar en algún momento, en los brazos de su esposo...


  La joven suspiró con pesar, preguntándose por qué el único y gran amor de su vida la había abandonado también, como todas las personas que entraban en su vida, ¿por qué Derek había tenido que morir tan pronto?
Habían luchado tanto para poder vivir sus vidas, su vida en común: habían luchado contra sus propios impulsos para no echar a perder sus respectivas carreras, habían luchado contra las circunstancias, contra Addison y su empeño por revivir un matrimonio que era tan falso como muerto estaba... Con la muerte, probando más de una vez sus propias mortalidades, con sus miedos e inseguridades a la hora de prácticamente todo: estar juntos, ser madre...Habían luchado entre ellos mismos por culpa de esos miedos e inseguridades... Espera ahí, no te muevas, espérame, estaré aquí antes de que  te des cuenta... 

  Si tan solo hubiera sabido que esas serían las últimas palabras que escucharía salir de su boca...
-¡Mami!-Chilló una vocecita haciendo a Meredith interrumpir sus pensamientos. 
Una cálida sensación de felicidad embargó el pecho de la mujer cuando, al llevar la vista hacia la fuente de la voz, se encontró cara a cara con con sus tres hijos, quienes la miraban ansiosos y felices a tiempo que se soltaban de las manos de su tío Owen. La cirujano sonrió a tiempo que abría los brazos ansiosa por abrazar a sus niños. 
Rápidamente, se encontró envuelta en una red de pequeños brazos y dulces besos. Lágrimas, entre tristeza y alegría derramaban de los verdes ojos de la doctora...

  Se había prometido a ella misma que jamás sería tan mala madre como la suya propia, sin embargo...Aquí estaba, encerrada en estas cuatros paredes que ejercían de su propia tumba, de una muerta en vida enterrada por el gran peso de la depresión y culpa... 
-¡Mami!- Volvió a sacarla de sus pensamientos, esta vez, la voz de su hija mayor, Zola, quien la miraba con una gran sonrisa. -He aprobado mi examen de Inglés- Dijo a tiempo que le dirigía una mirada de orgullo, causando que la propia mirada de la madre brillara también con la de ella. 
-¡Vaya!- Exclamó- Eso es genial, ¡enhorabuena, ZoZo!- Apremió a tiempo que abrazaba a la niña, maravillada por el lío de extremidades desgarbadas que le devolvía el abrazo. A los nueve años, la preadolescencia se abría paso en el cuerpo de su niña... Siendo uno de los cambios más importantes, lo mucho que había crecido. 

  Meredith suspiró internamente, la tristeza se volvía a apoderar de ella... Sus hijos crecían tan rápidamente... Y ni ella ni Derek estaban allí para presenciarlo...
-¿Cómo estás, Meredith?- Preguntó Owen Hunt a tiempo que se sentaba frente a ella y los niños con un suspiro cansado. La rubia levantó la mirada de sus preciosos hijos y le sonrió con desdén... -Bien, mejor... Bastante mejor...- Tomó un segundo para tomar un respiro. -El doctor Prince piensa que si sigo así podré irme a casa en un par de meses... - Terminó de decir a la vez que sonreír a Owen con una falsa sonrisa de felicidad... No es que no estuviera contenta, lo estaba... Después de cerca de un años y otros tantos luchando una ardua batalla contra la depresión, Meredith Grey comenzaba a ver la luz, sería capaz de volver a casa, con sus niños... A los que ya no vería solo una hora cada dos fin de semanas, y eso le llenaba de alegría, casi tanto como le asustaba... 

  Después de todo.. Casi había perdido a Bailey por culpa de la dichosa depresión, aún puede llegar a sentir el dolor, el miedo, la angustia y culpabilidad que había sentido al ver a su pequeño tirado al pie de las escaleras tras haberse caído... Solo porque ella estaba tan ocupada en su bucle de dolor, pérdida y autocompasión... -¡Meredith!- Exclamó Owen en una profunda y preocupada voz, haciendo a ésta abandonar los espeluznantes pensamientos que comenzaban a apoderarse de su mente...
Posó sus tristes y preocupados ojos verdes sobre los de Hunt, quien le dedicaba una mirada compasiva... -No pienses más en ello, Mer... Bailey...-Bajó la mirada al pequeño de siete años, que jugaba animadamente con sus hermanas, cerca de Meredith. -Bailey está bien, Mer, y tú... tú también lo estarás... -Terminó de decir el doctor con un toque cálido y suave en la voz que, generalmente, usaba con los niños. 

  Incluso sin quererlo, Meredith no pudo evitar sonreír al afecto y el cariño que goteaba de cada palabra dicha por Owen Hunt, así que le dedicó una sincera mirada de gratitud y cariño, -Lo sé...-Comenzó solo para ser detenida por un gran suspiro que se escapó de sus labios. -Es solo... que soy una mala madre, Owen...- Negó tristemente.
Owen suspiró y a tiempo que negaba, la abrazó, haciéndola sentirse por primera vez en mucho tiempo segura, segura y querida...
Y por primera vez en muchos meses lloró, lloró de rabia y dolor, lloró por la pérdida de su gran amor, clamó a la vida por todo su dolor.
-Shhh- Susurró el hombre de ojos azules en su oído, -Todo estará bien, Mer, todo estará bien...-Terminó de decir, intentando calmar a la angustiada mujer en sus brazos. 

  Las palabras y gestos de cariño barrieron a través del cuerpo de Meredith, quien tan solo deseaba que Owen Hunt tuviera razón, que todo pudiera estar bien, que todo fuera un sueño del que en cualquier momento iba a despertar en los brazos de su Derek... 
Y allí, acurrucada en los fuertes brazos de su hermano en ley, clamó a la vida por un nuevo destino junto a él, clamó hasta caer rendida, pensando en él...

"Y cuando te hayas consolado
(siempre hay consuelo)
estarás contento de haberme conocido.
Serás siempre mi amigo.
Tendrás deseo de reír conmigo".
- El Principito.

N/A2: Efectivamente, no me he podido resistir a escribir (bueno, más bien, pasar al ordenador) el segundo capítulo, así que, aquí está... 
Respecto a Meredith, me queda decir que... Básicamente ya sabéis donde está, y no, no es en Nueva York, aunque para los ojos de su resentida cuñada (que no sabe la verdad), lo esté... Por suerte, tenemos aquí a Owen salvando el día (aprende Shonda, el nuevo Owen no mola ¬¬). 
Bien, espero que os haya gustado este, el siguiente tardará algo más, básicamente me falta darle un final... (Preparad pañuelos, porque es desde el punto de vista de nuestro querido Derek y... ¡yo me he angustiado mucho escribiéndolo!). 
En fin, muchísimas gracias por leer, y, opinad, por favor, porque sin vuestra opinión no soy nada!!!. 
CONTINUARÁ. 



It's a good day to save lives

A/N: Siempre que digo que este será mi último fanfic, una parte de mi cerebro se empeña en dejarme por mentirosa y querer seguir escribiendo, y aquí estamos... Una semana después de haberme puesto al día con Anatomía de Grey, y frustrándome por el final tan...dejémoslo en estúpido que le dio Shonda Rhimes a nuestro querido McDreamy, publico nuevo fanfic... Espero que os guste. 

It's a beautiful day to save lives.

          If I lie here, If I just lie here... Would you lie with me and just forget the world?
Con un suspiro entre frustrado y cansado, Amelia Shepherd apaga el incesante despertador, parpadeando ante los brillantes rayos de luz de la mañana; algo frustrada intenta borrar las últimas motas de sueño de sus ojos preguntándose como el mundo puede ser tan brillante, tan feliz, si ella, interiormente, se sentía tan vacía, tan muerta como...Derek, su hermano mayor.

  Hacía cinco años que había hablado por última vez con él, cinco años que había abrazado a su hermano sin saber que esa sería la última vez que lo haría. Derek Shepherd había muerto haciendo lo que más le apasionaba: salvar vidas... es un bonito día para salvar vidas; casi podía oírlo decir esa dichosa frase una y otra vez... -¡Amy!-sonó una pequeña voz sacándola de sus profundos pensamientos. Volvió la vista hacia el dueño de la voz y no pudo evitar sonreír con cariño, -¡Bailey!- exclamó la mujer a tiempo que le sonreía a la adorable vista de su sobrino de siete años, con sus brillantes ojos azules y su pelo revuelto.
-Amy, ZoZo, Ellie y yo tenemos hambre...¿Podemos tomar tortitas?- preguntó el pequeño con una mirada esperanzada en sus ojos.

  Una gran sonrisa se dibujó en la cara de Amelia ante la vista tan adorable de su pequeño sobrino, quien cada vez más se iba pareciendo a su Derek; -Claro, cariño..- Respondió la doctora a tiempo que acariciaba dulcemente los rizos del pequeño, -¿Sabes qué?- Preguntó a tiempo que sonreía más aún al niño -Vamos a despertar al tío Owen y, mientras que yo le doy el desayuno al pequeño Derek, él hará las tortitas, ¿vale?-Terminó de decir la morena, a tiempo que, desde el otro lado de la cama, su esposo emite un pequeño gemido... -Mmmm... vamos pequeñín...-Intervino éste a tiempo que levantaba de la cama y cogía al pequeño en brazos.

  Amelia sonrió, una sonrisa llena de tristeza y amor... Amor por la familia que había logrado forjar junto a un hombre tan maravilloso como Owen Hunt,, sus pequeños sobrinos, a los que cada día consideraba más sus hijos que sus sobrinos... y Derek, su pequeño bebé, su faro entre un mar de desesperación y pérdida...
Tristeza al pensar en todo lo que su hermano se estaba perdiendo por culpa de su temprana muerte...

  Muchas cosas habían pasado en los últimos cinco años: la huida de Meredith con los niños justo después del entierro de Derek, el nacimiento de Ellie nueve meses después, la vuelta de Meredith no solo a la ciudad o el propio hospital, sino a su vida, la venta de la casa que, con tanto esfuerzo construyó su hermano y que, gracias a un golpe de suerte pudo volver a recuperar.. La marcha de Meredith a Nueva York con Will, dejando atrás a los niños, su boda con Owen, el embarazo y posterior nacimiento de Derek...
Tantas y tantas cosas que su hermano no ha podido disfrutar...

  Amelia soltó un pequeño suspiro a tiempo que mira los azulados ojos de su pequeño, esos que tan dolorosamente se parecen a los de su hermano o sobrino o incluso ella misma...
-Ay, Derek...-volvió a suspirar con pesar, preguntándose mentalmente si ese suspiro lo dedicaba al preciado don que sujetaba entre sus brazos o a...
-Amy...-Susurró la voz de su esposo a tiempo que éste la abrazaba por la espalda, haciendo a la morena darse cuenta por primera vez que había estado llorando a través de su memory lane, -Shhhh- Susurró dulcemente la voz de su esposo en su oído, -Sé que es un día muy difícil, cielo... realmente lo sé, pero no puedes dejar que los niños te vean así, especialmente Zola... -Suspira, esta vez, tirando dulcemente de la mujer para ponerla cara a cara  con él, su hijo entre ellos -Es... la que más se acuerda de...Derek...-Terminó el ex marine, a tiempo que besaba dulcemente la frente de su esposa.

  La joven suspiró, intentando borrar los últimos rastros de lágrimas... Zola, ni siquiera se había parado a pensar en ella, pensó con pesar, la pequeña aún se despertaba gritando y llorando por su padre...
-Es verdad...lo siento- balbuceó la joven intentando aún borrar los últimos rastros de lágrimas que manchan sus ojos. -Yo... Zola...-Suspiró- ¿Cómo está?- preguntó a tiempo que acariciaba dulcemente la cabecita del bebé, quien suspiraba feliz por la atención que estaba recibiendo.
Ante la pregunta, Owen se encogió de hombros, -Parece que... este año es mejor que cualquiera de los otros...- Respondió- Está comiendo tortitas con sus hermanos, riendo, parece... parece tan feliz que, es increíble...-Terminó de decir con una amplia sonrisa en sus labios.

  Ante esto, Amelia no pudo evitar arquear una ceja, Zola había cambiado tanto desde la muerte de Derek, era como si, una parte de la niña hubiera muerto con él, sin embargo un buen día, alrededor de seis meses antes, la expresión de perpetua tristeza de la niña empezó a desaparecer, por primera vez en mucho tiempo la niña, de nueve años, había empezado a actuar precisamente como eso, una niña; volvió a sonreír, a jugar sin miedo a que alguien se fuera para no volver, como había hecho su padre... Como hizo su madre algún tiempo atrás...
Amy no podía llegar a entender ese cambio tan repentino, pero como Owen siempre decía, creo en el progreso y éste es el avance...


  Avanzar, la vida había avanzado tanto desde la muerte de Derek... En un principio no lograba entender como era posible, su hermano mayor, quien la había protegido, cuidado, amado como un padre, había muerto... y la vida seguía, avanzaba... Derek Shepherd había muerto... había dejado de existir un buen día y el mundo seguía girando...
Todo el mundo en el hospital había avanzado, ¡demonios! incluso la propia Meredith lo había intentado...

  Y por primera vez en muchos, muchísimos años... Amelia Shepherd se planteó avanzar... ¿Qué pasaría si, después de todo este tiempo, dejara de lamentarse, de llorar, e intentara superarlo?
La idea la asustaba, la asustaba tanto... Pero pensó que si, todo el mundo lo había intentado, ella misma podría hacerlo... Por ella, por sus sobrinos, por Owen, por Der, por Derek....
Y pensó que estaría bien avanzar, que, a pesar de todos los años, no lo superaría, pero sí aprendería a vivir con ello... Amelia Shepherd aprendió a vivir con el corazón llorando...





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N/A2: Muchísimas gracias por leer, espero realmente que te haya gustado y que me acompañes en este pequeño viaje que, con este capítulo, hemos comenzado. 
Hay más por llegar, el segundo y tercer capítulo están escritos... 
Y como se dice en toda buena película: CONTINUARÁ.

domingo, 6 de septiembre de 2015

And you wonder when you wake up will it be alright...

All I know, all I know is that I'm lost, 
               whenever you go, all I know Is that I love you so, so much that it hurts...



                        All I know is that I will always love you, my little baby.... 

jueves, 18 de junio de 2015

Teenage Dream 11, Story Of My Life.

N/A: No puedo creer que haga casi dos años que llevo sin subir algo... Sin duda alguna, han sido dos años de locos... (-.-"). He de decir, que no ha sido por falta de escribir, de hecho, he escrito mucho, (gracias a las clases de Filosofía, Platón, Nietzche, Descartes y Ortega y Gasset inspiran a cualquiera... En fin, queridos amigos, gracias por vuestra paciencia, (y tu chantaje, Isa!) espero que la espera haya merecido la pena.

Teenage Dream. 

                                          You make me feel like a living on a teenage dream...

Capítulo 11: Story Of My Life. 
Los rayos del sol naciente comenzaban a iluminar la habitación. En ella, una mujer morena sonreía con cariño, entre sus brazos un pequeño bebé bostezaba dulcemente. 
Pamela Anderson acarició dulcemente las pequeñas mejillas de su hijo. Blaine, su pequeño niño, aquel que después de tanto tiempo había llegado para darle una alegría. Un pequeño rayo de luz entre tanto dolor, entre tanto desprecio en el que vivía. 
El pequeño bebé abrió los ojos haciendo a la mujer sonreír, incluso más brillantemente a la vista de los brillantes ojos avellana del pequeño. Pamela suspiró, llena aún de sorprendimiento al pensar cuan diferentes eran ambos de sus hijos, Cooper, el torbellino de diez años de edad que era su hijo mayor. Aquel niño capaz de envolver a alguien -la primera a ella- en su dedo índice con tan solo una profunda mirada de sus penetrantes ojos azules, obra, sin duda alguna, de los genes de su padre, así como su brillante sonrisa. Y luego estaba Blaine, el pequeño que había nacido para iluminar sus días grises, con esos adorables rizos oscuros y sus grandes ojos avellana, claramente heredados de ella. 
La mujer volvió a suspirar, intentando por todos los medios espantar las lágrimas que amenazaban con derramar de sus ojos al pensar en su esposo, Andrew Anderson, aquel encantador chico del que se había enamorado en aquella cafetería entre el campus de Medicina y el de Derecho, aquel hombre maravilloso que se había comprometido con ella entre risas y besos bajo la luz de las estrellas, con el que se había casado, el padre de sus hijos, pero, a la vez, el hombre que se había convertido en su verdugo, su acosador... 
Su pesadilla comenzó  poco después del quinto cumpleaños de Coop, las cosas por casa parecían ir bien, tenían todo cuanto querían y podían gracias al fondo fiduciario de Andrew, quien lo había recibido a los dieciocho años, tal y como estaba estipulado. Sin embargo, tras la nueva oportunidad de trabajo que había conseguido Andrew, su esposo comenzó a cambiar, comenzando la etapa más oscura de la vida de Pam, llena de dolor y miedo. Andrew había comenzado a beber más y más cada día, con el alcohol había llegado el dolor, el miedo, los abusos... Incrementado poco a poco más hasta la actualidad...
La mujer suspiró, llevándose al bebé cada vez más cerca de su pecho, -No te preocupes, bebé- susurró la mujer, con los labios rozando los pequeños rizos de su hijo - Mamá hará todo lo posible para alejar al monstruo de ti y de Coop...- juró entre beso y beso al pequeño en sus brazos...
La doctora Pamela Wilson suspiró, intentando mitigar las lágrimas que amenazaban con desbordarla.
Veintisiete años, había pasado veintisiete largos años de sus pequeños, a los que, con todo el dolor del mundo había tenido que abandonar, llevada por el odio que su esposo le profesaba, incrementado tras el nacimiento de su bebé Blaine... Blaine, su dulce Blaine, había pasado los últimos veintisiete años  de su vida imaginando como sería su pequeño, si sus ojos brillarían con alegría, como peinaría sus rebeldes rizos, como luciría de la mano de la chica más guapa del instituto en su primer baile... La doctora volvió a suspirar, borrando las lágrimas de sus ojos con rabia, la rabia le invadía por haber tenido que abandonar a sus pequeños a merced de un monstruo como Andrew, rabia al haberse perdido eventos tan importantes en la vida de sus hijos como la infancia de Blaine, o la madurez de ambos... La tecnología había permitido a la doctora haber podido saber algo de sus niños durante los últimos años; de Cooper había descubierto que era un actor muy talentoso, algo que a ella le llenaba de orgullo y satisfacción, así como haber averiguado que su pequeño niño se había casado con una chica muy guapa y que incluso había sido abuela de un pequeño niño de rizos oscuros llamado Blaine... Sin embargo, toda la alegría y satisfacción que había experimentado al conocer sobre la vida de su hijo mayor había sido arrancada de su alma al saber sobre el triste destino de su hijo pequeño, del que al principio solo había encontrado un par de vídeos de actuaciones del Glee club de la Academia Dalton, la cual lideraba su pequeño. Pero, había sido aquella noticia periodística la que más le había llamado la atención, aquella que decía haber sido hallado el cadáver del joven Blaine Anderson meses después de su misteriosa desaparición...
Pamela luchó contra el estremecimiento que pretendía abrirse paso por ella, a pesar de los diez años que habían pasado, a pesar de pensar que lo había superado, no pudo evitar llorar, había leído lo que le había pasado a su niño, y una rabia inmensa la invadió, rabia al saber que el que había hecho esto a su hijo estaba aún en la calle, rabia al no haber podido tener la oportunidad de conocer a su hijo pequeño, a quien siempre había imaginado como John Priestly... ¡Ay! John Priestly, ese tierno y amable joven carismático... Con una sola mirada al joven  todos los sentimientos de la doctora se despertaban, no había duda de que el tan tímido joven podía llegar a encantar a cualquiera con una de sus tímidas sonrisas, así como la magia que crea al tocar el piano, pero sobre todo, lo que más cautivaba a la mujer eran los ojos del joven, aquellos ojos color avellana que cautivaban a Pamela desde el primer momento que los miró.
El mundo de la doctora se removía cada vez que pensaba en la familiaridad de esos ojos con los de su bebé, lo que había provocado que desde el primer momento en que lo vio formara un vínculo especial con él, desde el día en el que un muy tímido, casi asustadizo joven había entrado en su consulta acompañado de su madre, hasta el dia de hoy, Pamela habia sido un testigo directo de la metamorfosis de la conducta del chico a su alrededor que había pasado de reservado al hombre más simpático y cariñoso que había visto en su vida.
A Pamela se le llenaba el pecho de alegría al pensar en la última vez que habló con el chico:
La doctora Wilson suspiró, el día se antojaba realmente ocupado en las urgencias del pequeño hospital de Santa Cruz... Suspiró mentalmente ante la situación, a tiempo que comenzó a escuchar un melodiosa melodía, curiosa, Pamela siguió el sonido curiosa por descubrir de donde procedía, sonriendo con cariño al llegar al área de pediatría y ver al joven John Priestly tocando dulcemente su guitarra al tiempo que cantaba a lo s pequeños allí ingresados algunas canciones, como era el caso de Proud Of Your Boy de Aladdin, la reconocía gracias a la leve obsesión que Cooper había desarrollado con ella a los siete años... Pam sonrió ante el recuerdo de su hijo, y llena de ternura por el chico sonrió, esperando a que este acabara para así poder acercarse a él a charla un poco.
-¡John!- saludó la mujer cuando vio al joven recoger cuidadosamente su guitarra, acercándose poco a poco a éste, consciente de su miedo a los movimientos bruscos. El joven levantó la vista hacia la doctora, dibujando una cordial sonrisa en sus labios, -¡Doctora Wilson!- saludó el chico gentilmente. Pam le sonrió. -Oh, solo Pamela, John, ya te lo he dicho un par de veces- le recordó dulcemente la mujer. El chico asintió tímidamente, terminando de guardar su guitarra. 
-Me ha encantado tu forma de tocar, lo haces genial- dijo la doctora sonriendo ante el rubor del dulce chico ante él. -G-gracias- susurró el chico timidamente. -Me encanta Aladdin...- sonrió haciendo a la doctora sonreír con él. 
Un fuerte sentimiento que Pamela había casi olvidado se apoderó de ella, orgullo maternal y proteccionismo hacia ese dulce chico, cosas que solo había sentido cerca de sus dos niños... 
Un repentino golpe sacó de sus pensamientos a la doctora, la puerta se abrió revelando a una preocupada y con mucha prisa enfermera de urgencias. -¡Doctora Wilson!- exclamó la mujer con algo de angustia. - Rápido, se le necesita en urgencias, un tráfico, John Priestly ha sido atropellado...-terminó apresuradamente la enfermera.
De repente el mundo de Pamela Wilson pareció descomponerse bajo sus pies, una poderosa y fría sensación de miedo la invadió al conocer la noticia. Todo su cuerpo tembló de miedo al conocer que la vida de ese chico estaba en peligro, su cuerpo se llenó de adrenalina, ni siquiera se había dado cuenta de que corría hacia urgencias hasta que no sintió el choque sólido de un cuerpo contra el de ella. Levantó la vista, sintiendo de nuevo como su cuerpo temblaba de miedo y emoción al mirar a los dulce ojos azules de la persona ante él, Pamela miró al joven de arriba a abajo sintiendo como las lágrimas la abordaban, ante ella estaba su niño, su Cooper, mirándola entre sorprendido y angustiado.
Fue una palabra, ta solo una palabra la que terminó de romperla por completo...
-¿Mamá?

TBC....
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NA: Espero que os haya gustado. Habrá más por venir, promise! Gracias por vuestra paciencia queridos amigos!

viernes, 20 de febrero de 2015

I'll love you until my dying day...

Never say goodbye because saying goodbye means going away, and going away means forgetting... 

These Days...



Y no importa el sacrificio, ni siquiera el esfuerzo... Pase lo que pase lo conseguiré... Aunque mi vida dependa de ello... 
Y algún día, miraré atrás en el tiempo y recordaré aquellos días, riendo con satisfacción de que a pesar de todo he cumplido mis metas. 

viernes, 18 de julio de 2014

When you're scared and alone, just know that I'm already home... 

...If only New York wasn't so far away, I promise this city won't get in our way... 


lunes, 3 de marzo de 2014

jueves, 9 de enero de 2014

I'll stand by you...

                                             And when... 
                                                 When the night falls on you, baby 
                                                                         You're feeling all alone 
                                                                             You won't be on your own 


                                                            I'll stand by you 
                                                           Won't let nobody hurt you 

viernes, 6 de diciembre de 2013

jueves, 5 de diciembre de 2013

Teenage Dream (Capítulo 10).


N/A: Buenas!! Antes que nada, perdón por no haber actualizado antes, pero... bueno... ya me conocéis... soy muy vaga. 
En fin, capítulo 10 ya... y eso que no pensaba que iba a durar tanto, y sin embargo aquí estamos, mi historia y yo. Muchísimas gracias a todos los que la hacéis posible, y en especial a mi musa, Isa, que eres una crack! 
Sin más preámbulos, aquí vamos: 
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My heart stops when you look at me, just one touch now baby I believe this is real, so take a chance and don't ever look back, no..

Capítulo 10: "Correr".
Correr. Su primer impulso fue correr. Debía correr, alcanzar a su hermano, abrazarlo y no soltarlo jamás. Apenas registró lo que estaba haciendo, apenas supo como recogió al pequeño Blaine entre sus brazos y corrió, corrió en la dirección por la que minutos antes un angustiado joven de cabello rizado había corrido, corrió, corrió con todas sus fuerzas, como si su vida entera dependiera de ello, corrió, desilusionado cuando un solitario callejón le recibió.
Blaine no estaba allí, le había perdido, le había perdido de nuevo. Suspiró abatido, dándose cuenta de las saladas lágrimas de frustración que escapaban de sus azules ojos, abrazó a su hijo deseando poder quitar de su mente la mirada de dolor y miedo reflejada en los ojos miel de su hermano.
Ni siquiera registró como llegó a casa, se hizo consciente de ello cuando su esposa arrebató al pequeño Blaine de sus brazos.
-¿Coop?-preguntó la morena con preocupación. -¿Cooper, estás bien?-volvió a preguntar. El pequeño Blaine cambió la mirada de entre su madre y su padre -Papi está triste desde que conoció a Johnnie...-Susurró el pequeño, con un amago de tristeza en su rostro.
-¿Quién es Johnnie, cariño?- preguntó la madre, curiosa por la respuesta del pequeño, el niño fue a responder, pero fue interrumpido por su padre, quien secó los últimos rastros de lágrimas de su rostro.
-Blaine, Johnnie es Blaine- respondió el actor, dibujando una mirada confusa en el rostro de su esposa. Ésta hizo un intento de preguntar, indagar más en este tema que tanto perturbaba a su esposo, pero fue interrumpida por la ronca voz, debido a las lágrimas, de Kurt. -¡Lo sabía!- exclamó éste con algo de desesperación, -¡sabía que era él! ¡que no estaba loco!- terminó éste, mirando a Cooper, con un brillo en los ojos que no se le había visto en un tiempo muy largo.
Cooper suspiró, abatido, dando a Kurt una mirada triste. -Lo sé, Kurt...y lo siento... es solo que...- se cortó, suspirando mientras cardaba sus dedos por el pelo, en un claro indicio de su frustración. -...Todo esto...- pausó, para dar énfasis a sus palabras-...es tan jodidamente surrealista... Dios, me llamas un día para decirme que dejemos de buscar, que Blaine está muerto... le lloramos durante diez malditos años y... ahora... ahora...-no pudo acabar la frase, en su lugar rompió a llorar, abrazado a su esposa, quién lo consolaba silenciosamente.
-Cooper- Habló Kurt, rompiendo el silencio en el que se había sumido la habitación. -Debemos buscarlo, debemos encontrarlo, traerlo de vuelta a su familia, al lugar que le corresponde...- terminó el joven, secando las últimas lágrimas que caían de sus ojos. El actor consideró las palabras del joven, decidiendo que la idea de éste no era tan descabellada como en un principio le parecía.
-¿Dónde?- habló el actor, levantando la cara del hombro de su esposa, sobre el que minutos antes lloraba. -Ni siquiera sabemos dónde vive...- suspiró el de los ojos azules, volviendo a perder toda la fe en esta descabellada situación. -Además es...- se cortó frustrado.
Kurt le miró, entrecerrando los ojos, intentando aplacar la ira que comenzaba a crecer dentro de él. -¿Además qué?- preguntó el trabajador de Vogue -además nada, Cooper, su casa es aquí, con nosotros, con su familia...-Continuó, tratando de evitar por todos los medios el llorar, pero fallando miserablemente unos segundos después.
-¿Tío Kurt?- preguntó el pequeño Blaine, haciendo a todos los adultos de la sala centrar su atención en él, ¿tú también estás triste por Johnnie?- preguntó el pequeño, forcejeando por bajar de los brazos de su madre.
-Yo también me pongo triste, tío Kurt- volvió a hablar el pequeño, abrazando al joven angustiado. Entre lágrimas, Kurt se las arregló para dar una sonrisa tranquilizadora al niño, al que abrazó dulcemente.
Ante este panorama, Isa suspiró, aclarándose la garganta para llamar la atención de todos los ocupantes de la sala. -Vamos a ver...- empezó- ¿estáis seguros de que ese chico es Blaine?- preguntó- lo digo porque muchas veces nuestras ganas de ver a alguien a quien deseamos mucho ver puede nublar nuestro juicio- explicó la joven, al ver las asombradas y a la vez disgustadas miradas de ambos hombres. -Isa...nosotros...- comenzó el actor, siendo interrumpido por un muy enfadado Kurt; -¡ESE CHICO ES BLAINE!- bramó- ¿acaso no lo veis?- preguntó, sintiendo toda la ira que le había estado moviendo minutos antes disiparse y ser reemplazada por una sensación de desesperación.
Los ocupantes de la habitación miraron al chico, la simpatía y la pena reflejada en sus miradas, justamente lo que Kurt más odiaba de las miradas que la gente le había dado en esta última década.
-Está bien...¿sabéis una cosa?- preguntó la morena en un intento por calmar la sensación de malestar que había invadido de nuevo a la sala -Debemos salir, no sé, a cenar... necesitamos despejarnos, pensar largo y tendido que podemos hacer para encontrar a Blaine, ¿qué os parece?- Preguntó cuidadosamente.
Los ocupantes de la sala reconsideraron la propuesta de la joven, primero con ira, después con simpatía y finalmente con alivio al haber propuesto algo que pudiera así mantener sus mentes ocupadas de algo más que no fuera encontrar a Blaine.
La noche llegó rápidamente, la velada tuvo lugar en el pequeño grill que un par de días antes había encontrado el joven Kurt en su pequeña escapada a la playa. El lugar era un bullicio de gente, familias que disfrutaban de la cena, novios que paseaban su amor, esto hizo sonreír a la joven de cabello rizado, recordando su noviazgo con Cooper.
Suspiró, parecía tan lejano, como si hubiera pasado hace una eternidad, aunque solo había pasado cerca de una década. En días como estos se alegraba de haber tomado la decisión de dejar su país y "cruzar el charco", miró a su alrededor, sonriendo a su esposo, quien la miraba con un aire más relajado que el que habían tenido en todo el día, río con su hijo y el pequeño lío que había hecho con el ketchup y sus patatas... en ocasiones como esta era cuando recordaba que la vida a veces era maravillosa.
El momento fue interrumpido cuando su vista se clavó en su hermano en ley, quién había perdido todo el color de su cara, y miraba fijamente a un chico, de postura tímida que ocupaba uno de los lugares más apartados de la barra, cerca de la plancha en la que un joven de cresta violeta cocinaba.
El joven se sentaba encogido, solo le era posible ver la espalda de este y parte de su cabellera rizada, fue un golpe seco el que la sacó de sus pensamientos. Kurt había abandonado la mesa, seguido poco después de Cooper, quien corría detrás de éste para evitar uno de los tantos líos en los que se había acostumbrado a meterse en estos días.-¡BLAINE!- exclamó el joven Kurt a unos pasos del reservado chico que ocupaba tan apartado asiento. -¿Blaine?- preguntó esta vez, llevando una mano hacia el hombro del chico con dulzura.
Un terrible grito de pánico resonó en el lugar, haciendo a todos los ocupantes encogerse en sus respectivos sitios, el chico que minutos antes había estado tan apacible huyó despavorido del toque del joven trabajador de Vogue, alejándose rápidamente de éste y de Cooper, quien observaba todo esto con una mezcla de alivio, terror y asombro, el joven huyó del lugar, con los ojos desorbitados por el miedo, huyó como si su vida dependiera de ello.
Ni siquiera dio tiempo a reaccionar a ninguno de los ocupantes del pequeño comercio, fue todo tan rápido, y a la vez tan surrealista que si le preguntas nadie podría asegurar firmemente que fue lo que pasó en esos apenas diez segundos en los que el joven había abandonado la sala y el terrible frenazo que se escuchó fuera de éste.
Si preguntas, nadie podría decir con seguridad que fue lo que pasó, pero si preguntas a nuestros protagonistas, quizás sí te podrían decir que es lo que cruzó en ese preciso instante por sus mentes...
Dios mío, no, Dios mío que no sea Blaine....
Fue solo un momento, y sin embargo ese mismo momento te ha podido cambiar la vida.. sin ni siquiera saberlo...
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N/A: VOILAA!!! Ea, quejas.. a mí, supongo!


martes, 8 de octubre de 2013

Teenage Dream (Capítulo 9).

N/A: Bonjour, mes amis!! No, no... no me miréis así que no me ha dado un aneurisma ni nada de eso.. creo que va a ser el café que me he bebido esta mañana y... ¡ah, sí! Creo que va a ser las pildoditas esas tan chulas que me estoy tomando... (No me miréis así, que tiene prescripción médica... Que mal pensados estáis estos días.. xD) 
En fin, hoy estoy en uno de esos días a los que mi hermano llama: Hola soy Edu, feliz navidad. Sí, os puedo asegurar que me está llamando tonta por toda la cara... aunque no entiendo el por qué- esto era de un anuncio de teléfonos por lo visto del año así como del 98... y dice que el niño tenía cara de tonto...- LOL! Vale, sé porque lo dice.. xD 
En fin, como tengo dos horas libres y no tengo ganas de repasar Griego,aquí voy...
ESPERO QUE OS GUSTE EL CAPÍTULO DE HOY, TANTO COMO A MÍ ME HA GUSTADO ESCRIBIRLO.
Creo que los Anderbros necesitan ya un capítulo ñoño...
En fin, aquí os dejo con el Capítulo 9, "Valor". 
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Just one touch now baby I believe this is real, so take a chance and don't ever look back, don't ever look back!

Capítulo 9: "Valor".
Fue un segundo y sin embargo en ese pequeño segundo fue como si el mundo a su alrededor se hubiera detenido, nada importaba para él, nada tenía sentido para él en el mar de confusión en el que se había entornado su mente... 
Diez años, una década, tres mil seiscientos cincuenta días en los que había llorado, gritado, maldecido, hasta el punto de casi enloquecer, en los que había maldecido a ese ser poderoso llamado Dios por la muerte de su único hermano, su pequeño hermanito... Y sin embargo ahí estaba él, atónito ante una versión un poco más envejecida de su difunto hermano, era él, eran sus mismos ojos dorados, sus mismos rizos azabaches, los que caían graciosamente sobre los ojos del más joven, era él... 
Un pesado silencio cayó sobre el momento, dando a Cooper la oportunidad de poder pensar en tocar o no tocar al hombre ante él, vacilante, el actor levantó la mano decidido a guiarla hasta el hombre más joven, retrocediendo el impulso cuando se hizo consciente de cuan descabellado parecía todo esto...
-¿Cooper?-Se oyó una voz preguntar, rompiendo el pesado y embargador silencio que le parecía tan opresor -¿Cooper Anderson?- Volvió a preguntar la voz, haciendo al actor centrarse en la situación, sorprendido al darse cuenta de que esa  voz era de él, del joven ante él. Tragando el nudo de emociones que amenazaban con abrumarlo se obligó a mirar al joven, tambaleándose casi al ver la expresión de pura felicidad grabada en el rostro del otro chico. 
-¡Oh, Dios mío!- exclamó el chico  sonriendo de oreja a oreja. -Eres Cooper Anderson... es un placer conocerle, señor Anderson...soy un gran admirador suyo.- Terminó el joven de ojos dorados, tendiéndole una mano, con la clara intención de estrechar la suya.
Ocultó su sorpresa lo mejor que pudo... ¿por qué Blaine actuaba así? Así... como si no le conociera...era tan... doloroso... Suspiró, enyesando en su rostro la mejor sonrisa que encontró; -Por favor... soy Cooper, o Coop para los amigos... el señor Anderson es mi padre, no me hagas sentir viejo... o por lo menos no más de lo que ya soy.-Terminó el moreno con una encantadora sonrisa adornando su rostro. El joven de cabello rizado lo miró, con admiración escrita en su mirada, mientras sonreía ampliamente, -Está bien, Cooper- dijo el joven estirando su mano , de nuevo para poder estrecharla con la del otro. Ante esto, Cooper no pudo evitar el impulso de estrechar la mano del pelinegro, no sin antes estrecharlo entre sus brazos, lo abrazó, lo abrazó con la poderosa necesidad de no haberle visto en los últimos diez años, sintiéndose preocupado al sentir al chico tensarse por la inesperada reacción del mayor de los Anderson, y alegrándose, minutos después, al sentir al joven relajarse entre sus brazos. 
Cuando se dio cuenta de lo que había hecho, se apartó de él, aclarándose la garganta como si con ello se llevaría todo el ridículo que sentía en este momento. 
-¡Lo siento!- exclamó el actor, sonrojándose un poco, pero alegrándose internamente ante la alegría y el asombro que mostraba el tan expresivo rostro del joven de cabello rizado. Con una sonrisa, John levantó la vista hacia el actor -¿Bromeas?- preguntó con un fruncido de ceño. -Acabo de recibir un abrazo de mi ídolo- explicó como si se tratara de lo más obvio del mundo -Es un placer conocerle, s- Cooper- rectificó, ante la mirada que Cooper estaba a punto de darle. -Me llamo John Priestly, soy un gran admirador suyo...- Terminó el pelinegro con un sonrojo pintándose en su rostro.
El mundo del joven actor se tornó patas arriba en ese preciso instante, había esperado oír salir de los labios de aquel joven encantador de ojos dorados un encantador y característico "Blaine Anderson", o tan solo un simple "¡Coop! Me alegro de verte", sin embargo, aquel "John Priestly" le había herido casi tanto o más que cualquier cuchillo atravesando su corazón.
-¿Papi?- preguntó el pequeño Blaine, sacando al actor de la profundidad de sus pensamientos. -John me ha cantado Come What May y lo ha hecho mejor que tú.- Terminó el pequeño, con una sonrisa de suficiencia en su cara.
Cooper Anderson no puedo evitar reír ante esa declaración, pensando en que aún había algo de aquel Blaine que solía conocer. Levantó la vista del pequeño niño hacia el joven de cabello rizado. -Entonces... ¿te gusta cantar, Bl-John?- preguntó expectante. El joven asintió entrecortadamente antes de contestar; -Sí, señor...- Empezó- Adoro cantar...adoro la música -Siguió con una sonrisa sincera. -Me hubiera encantado estudiar música, pero...- Se interrumpió el joven negando tristemente con la cabeza...
El actor sintió una pequeña punzada de nostalgia cruzar su corazón, el Blaine que él recordaba también quería estudiar música, ser profesor , sueño arrebatado por un abominable padre que solo buscaba como felicidad el tener un hijo abogado. -¿Pero?- preguntó confuso, acordándose de lo que había dicho el joven.
El chico negó frenéticamente con la cabeza, casi parecía asustado, haciendo al joven actor preocuparse, tendió la mano tocando el hombro del afligido chico, haciendo a este estremecerse involuntariamente.
-¡No!- gritó el joven de ojos ámbar, alejándose del mayor -¡NO ME TOQUES!- gritó haciendo al pequeño Blaine llorar de miedo, y al padre de este mirarle sin comprender lo que está pasando por la mente del más joven de los hombre.
El joven miró a su alrededor, respirando entrecortadamente, los recuerdos de tiempos pasados mezclándose con el presente, dolor, soledad, tristeza, desesperación...
-¿John?- preguntó el actor en un susurro, mientras se acercaba a este, evitando por todos los medios no asustar al joven.
-No- susurró el joven, estremeciéndose. -Por favor...- lloró, abrazando sus rodillas contra su pecho.
El corazón de Cooper se encogió en ese momento, queriendo llorar, gritar, llorar por el dolor tan evidente en su hermano, gritar, por la desesperación, por la impotencia que sentía al no poder evitar el sufrimiento de este...
John levantó la vista, sus ojos llorosos se encontraron con los incrédulos del actor, ámbar con azul, una poderosa sensación de miedo se apoderó de su corazón, correr, tenía que correr.
Y corrió, corrió dejando atrás los desagradables recuerdos de dolor, y corrió, huyendo de la tristeza, dolor y desesperación.
Huyó... dejando tras de sí a un muy sorprendido, pero a la vez, esperanzado Cooper Anderson...
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N/A2: So, here we are! En fin, espero que os haya gustado el capítulo, ya me vale a mí, tendría que haberlo subido antes, peeeero... en fin, que ya me conocéis. 
En fin, me piro a estudiar Griego mientras que entro a clase, que el jueves tengo examen! -,-" (Deseadme suerte!!! :D)
MUCHÍSIMAS GRACIAS POR LEER! :) 

La canción que os dejo hoy es mi canción favorita de Glee, interpretada por mis adorables "Anderbros". Creo que es la más acorde a este capítulo. 
Os pido disculpas por los errores que pueda tener el capítulo, pero las pastillas estas para el trancazo me dan un sueño que no veáis.. u.u" 
PD: Sí, sé que he dicho que los Anderbros necesitaban un capítulo "ñoño", peeeero, siempre es bueno un poco de drama, no, Isa? xDDD 

NOS VEMOS EN LA PRÓXIMA!!! ;D 

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Teenage Dream (Capítulo 8)

N/A: Hola mis queridos amigos! :) So, aquí estamos... estrenamos mes, y por tanto toca un nuevo capítulo de esta mi historia. En fin... tenía pensado subirlo antes pero entre las vendimiadoras (que por cierto, lo gordo llega ahora) y un desafortunado accidente que costó la vida a mi tía abuela, la cual para mí era como una abuela, el pasado viernes últimamente estamos que no estamos... En fin, que me voy por los cerros de Úbeda... 
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Before you met me, I was a wreck but things were kinda heavy, you brought me to life now every February you'll be my valentine, valentine...


Capítulo 8: "Come What May"

La sensación de soledad que le invadía le hacía sentirse mal, mareado, sin aire... Miró a su alrededor intentando tranquilizarse pero con cada vista se sentía más y más angustiado, el dolor de la pérdida, la impotencia, la necesidad de volver atrás en el tiempo... 
Si hubiera un método para volver atrás en el tiempo, si pudiera volver a ese momento, a ese lugar, esa última noche con su Blaine, a ese último beso...
Suspiró armándose de valor, y levantó su azul mirada a aquel pulido mármol, la angustia, la frustración, las ganas de llorar y no poder encontrar ni una lágrima más, el dolor, todos esos sentimientos que se arremolinaban en su corazón ante la burlesca mirada del mármol ante él... 
"Blaine Devon Anderson, 1995-2012, amado hijo y hermano"
Las lágrimas con las que tan fuertemente había luchado para no dejar escapar fluyeron libremente de sus ojos, enturbiando su entorno.... 
Hacía demasiado tiempo que no venía por aquí, demasiado tiempo que le había llevado aceptar tan trágica noticia, y sin embargo aquí estaba... 
Secando las saladas lágrimas de su porcelánico rostro, depositó un beso en la hermosa rosa que estrechaba entre sus manos, depositándola cuidadosamente delante del que durante más de tres años había sido el hogar donde descansaba el amor de su vida, su otra mitad...
Cooper levantó la vista hacia el joven angustiado ante él, le había llevado años, aceptar la muerte de su hermanito, le había llevado años aceptar que ya nada sería igual, que Blainey nunca regresaría, que la vida de todos había cambiado en un abrir y cerrar de ojos, que la salud mental de Kurt pendía de un hilo, del que temía que un día se rompería...
Suspiró con frustración, al fin y al cabo era culpa suya todo lo que había pasado en los últimos años, la muerte de Blaine, los años de Kurt en aquel agujero infernal llamado sanatorio, la depresión en la que todos se habían sumergido, e incluso venir aquí... si no hubieran venido a...- un golpe en la puerta interrumpió la línea de pensamientos del mayor, haciéndole fruncir el ceño ante el sonido, pues no esperaba a nadie... 
Con un encogimiento de hombros abrió la puerta; -¡¡¡PAPI!!!- exclamó una pequeña voz, haciendo al actor de ojos azules el hombre más feliz de la tierra. -¡Blainey!- exclamó este, estrechando entre sus brazos al pequeño.
-Hey, hey... ¿qué pasa?- Se escuchó decir a otra voz - ¿Para mí no hay beso o qué?- Preguntó la voz de nuevo, Cooper levantó la vista para encontrarse con su esposa, quien vestía esa dichosa camiseta de AC/DC que tanto le gustaba haciéndola verse extremadamente guapa. 
Levantando al pequeño Blaine en brazos se acercó a ella, besando acaloradamente sus labios, y suspirando con felicidad al tiempo que terminaba de besarle. 
-¡Vaya!- exclamó la joven de pelo rizado con una sonrisa evidente en su rostro. - Ya veo que nos has echado de menos- terminó de decir, mirando a su alrededor buscando con la mirada a Kurt, quien siempre se alegraba con la visita del pequeño de la familia. 
La joven posó su preocupada mirada en la figura encorvada en el pequeño sofá de la sala, quien parecía tener un sueño muy agitado, para volver a mirar a su marido con preocupación.
El joven de ojos azules suspiró, mirándola con una mezcla de preocupación y casi alivio, -Lleva así desde ayer... dice que vio a Blaine, que está vivo, que estábamos equivocados, y que algún día nos vamos a arrepentir por no hacerle caso...- explicó este al borde un ataque de nervios, la joven se acercó a él, abrazándolo, -Coop, ¡por qué no vas a dar una vuelta por la playa?-  preguntó esta mirando a su marido -A Blainey le encantará y a ti te vendrá bien desconectar un poco- Terminó con una cálida sonrisa dirigida a su esposo, quien aún sostenía al pequeño en sus brazos.
Aceptó a regañadientes, y ahí estaba él, en un pequeño pueblo costero, en un soleado día de febrero de la mano de lo mejor que ha hecho en toda su vida, su hijo, paseando por el paseo marítimo que a estas horas estaba abarrotado de gente, dulces niños que juegan al pilla-pilla, adorables ancianos que pasean juntos de la mano...
Fue un momento, solo un momento, y sin embargo en ese dichoso momento había perdido a lo más importante del mundo, miró a su mano derecha, esa que antes sostenía el pequeño Blaine, y que ahora estaba vacía. 
Los nervios le invadieron, había perdido a Blaine, había perdido a otro Blaine, por segunda vez en su vida... -¡BLAAAAAINE!-Gritó- ¡BLAAAAAINEEEY!- volvió a gritar, esta vez emprendiendo una improvisada carrera por los lugares más cercanos a la última vez que había visto al pequeño de ojos miel.

-¡BLAAAAAINE!- Se oyó una voz gritar, haciendo al joven de rizos azabaches encogerse un poco por la sorpresa. Miró a su alrededor, pero no encontró la fuente de la voz, suspiró y volvió a apoyar la cabeza sobre sus rodillas, dejándose vagar por su línea de pensamiento... No sabía cuanto tiempo se había tirado pensando cuando escuchó un sonido indescifrable cerca de él, movió la cabeza para hacer frente al pequeño sonido, asombrándose al observar que se trataba de un pequeño niño de rizos negros que lloraba desconsoladamente.
El joven al ver esa escena ante él sintió algo removerse dentro de él, sabía perfectamente lo que se siente al estar perdido, era algo que en ocasiones sentía... -Hola, perqueño- susurró cerca del niño para no asustarle - ¿Te has perdido?- preguntó, esta vez sintiendo la preocupación llenarle el pecho -Hey, pequeño, ¿estás bien?- preguntó esta vez arrodillándose delante del niño, el pequeño apartó la mano que tenía delante de sus ojos, hipando un poco -Quiero a mi papá- dijo, volviéndose a echar a llorar, esta vez abrazándose al hombre ante él.
El muchacho se sorprendió un poco, pero le devolvió el abrazo al niño, intentando ofrecer un poco de comodidad ante esta situación... -Shhh, lo sé, lo sé, cielo- calmó al niño, como muchas veces había hecho su hermano con él. -Pero.. para encontrar a tu papá debo saber como se llama...-Terminó de decir el joven Johnnie, intentando razonar con el niño. 
El niño le miró como si le hubiera crecido una segunda cabeza, -Mi papá se llama papá...- dijo el pequeño como si esto fuera la cosa más simple del mundo, haciendo al mayor sonreír levemente. -Bien... en ese caso... ¿como te llamas, campeón?- preguntó el muchacho, secando uno de los tantos rastros de lágrimas que manchaban la pequeña carita del niño. 
-Hola, me llamo Blaine y tengo estos años- dijo el niño con una sonrisa orgullosa mientras mostraba los cinco dedos de su mano derecha. - ¿Y tú? ¿Cómo te llamas?- preguntó el niño con una mirada curiosa en sus ojos. 
Por segunda vez en menos de cinco minutos, el moreno sonrió, sintiendo su corazón derretirse ante la simpatía del pequeño en sus brazos, -Soy John- se presentó el joven, aún sonriendo, -Pero todos me llaman Johnnie- terminó estrechando la pequeña mano del niño. 
-Johnnie... tengo miedo...-susurró el niño apoyando su cabeza en el hueco del cuello del joven- ¿Y si nunca más encuentro a mi mamá y a mi papá?- preguntó, haciendo un pequeño puchero con el labio, intentando por todos los medios no llorar, pero fallando miserablemente.
-Blaine, tranquilo, pequeño... te prometo que encontraremos a tu papá y a tu mamá- prometió el joven intentando tranquilizar al pequeño.
Se quedaron así, el pequeño abrazado fuertemente en el pecho del joven, quien intentaba por todos los medios consolar al niño, perdiendo la noción del tiempo. 
-¿Johnnie?-preguntó el pequeño, rompiendo el silencio de la solitaria playa. -¿Uh?-preguntó el joven, mirando interrogante al niño, quien ahora le miraba directamente a los ojos. 
-¿Me cantarás una canción?- preguntó -Mamá siempre me canta una canción de AC/DC antes de ir a dormir o a veces cuando tengo miedo... y papá siempre me canta "Come What May" de mi película favorita...-explicó el pequeño, haciendo sonreír al joven que se había encariñado con él minutos antes. 
-¿Te gusta "Moulin Rouge"?- preguntó el moreno, sonriendo más ampliamente al sentir la pequeña inclinación de cabeza del niño sobre su pecho. -Mi papi y yo la vemos todos los domingos... mi papá siempre se pone un poquitín triste porque era la película favorita del tío Blaine...- explicó el niño, poniéndose un poco triste al pensar en su papá. 

Never knew I could feel like this 
Like I´ve never seen the sky before 
I want to vanish inside your kiss


Comenzó a cantar dulcemente, lo que pareció calmar el llanto del niño, quien escuchaba atentamente desde su lugar en los brazos del muchacho. 

Seasons may change, winter to spring 
But I love you until the end of time 

Come what may 
Come what may 
I will love you until my dying day 

Suddenly the world seems such a perfect place 
Suddenly it moves with such a perfect grace 
Suddenly my life doesn´t seem such a waste 
But our world revolves around you 
And there´s no mountain too high 
No river too wide 
Sing out this song I´ll be there by your side 
Storm clouds may gather 
And stars may collide 
But I love you until the end of time 


Come what may 
Come what may 
I will love you until my dying day


Las últimas letras de la canción resonaban haciendo al joven sentir una mezcla de sentimientos arremolinándose en su corazón, tristeza, dolor, perdida... Sentía como si ya hubiera cantado esta canción con un gran amor del que le es difícil recordar. Sintió el calor de algunas lágrimas derramar de sus ojos miel. 
-¿Johnnie?- preguntó el pequeño haciendo al muchacho salir de sus pensamientos.
-¿Sí, pequeño?- preguntó el moreno, secando los últimos restos de lágrimas de sus ojos. 
-¿Por qué lloras?- Preguntó el niño curioso- ¿También te has perdido?- volvió a preguntar el pequeño con un atisbo de preocupación en su voz. 
John no pudo evitar reír ante la curiosidad del niño, quien definitivamente ya se había ganado todo su cariño, -No, no... no me he perdido...- respondió el muchacho, acariciando los rizos del pequeño todavía en sus brazos... -No, yo.. solo pensaba...- terminó de decir mirando al niño, quien asentía con la cabeza en conformidad a la respuesta del joven. 
-Bien, pequeño, creo que va siendo hora de buscar a tu papá o a alguien que nos pueda ayudar a ello- comentó el joven, bajando de sus brazos al pequeño y cogiendo la mano de este, disponiéndose a andar hacia fuera de la playa. 
Estaban a medio camino del paseo marítimo cuando sintió al niño soltarse bruscamente de su mano para verlo correr, instantes después hacia un hombre moreno de aspecto angustiado.
-¡PAPI!- Gritó el niño, abrazándose al hombre, quien le recogió en sus brazos abrazándole fuertemente y besando cada centímetro de su cara, con alivio. 
-¡Blainey! ¡Oh, Dios mío, Blaine!- Exclamó el padre angustiado- Pensé que te había perdido para siempre- terminó de decir, llorando. 
-Papi, lo siento... yo solo quería ir a coger un par de conchas para hacer más feliz al tío Kurt- se disculpó el pequeño, sacando unas cuantas conchas del pequeño bolsillo de su pantalón y mostrándolas a su padre, quien solo se limitó a seguir llorando de alivio. -Tranquilo, papi... Johnnie me ha ayudado a buscarte, y encima me ha cantado Come What May... -explicó el pequeño con orgullo presente en su voz. 
Cooper Anderson levantó la vista hacia el amable hombre que había ayudado a su hijo a encontrarlo dispuesto a expresar su gratitud, sin embargo, todos sus agradecimientos y palabras murieron en su garganta, allí, ante él, se encontraba la persona a la que habían llorado durante casi diez años...
Un silencio sepulcral invadió el momento, alivio, asombro, dolor e incluso algo de miedo invadió el corazón del actor.. su Blaine.. su hermanito estaba allí.. estaba allí y tenía miedo de parpadear y que todo fuera un espejismo, una falsa ilusión...
El silencio fue roto por el joven de pelo rizado, quien atónito miró al hombre ante él...
-¿Cooper?- 
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TO BE CONTINUED....

N/A2: En fin, aquí está el capítulo, espero que os haya gustado (por favor, me encantaría saber vuestras opiniones) y bueno, disculpad el retraso.. ya he dicho que la vida va últimamente un poco loca... en fin...¿Cual será la reacción de Cooper ante esto? Para saber solo tienes que leer el próximo capítulo.. xD
¡MUCHÍSIMAS GRACIAS POR LEER! 

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La letra de la canción es de la fabulosa película Moulin Rouge espero que os guste tanto como a mí me gusta, pues es una de mis películas favoritas...
Os dejo por aquí la canción cantada por nuestro querido Darren (Blaine) y nuestro querido Chris (Kurt), espero que os guste! ;) 


¡NOS VEMOS EN LA SIGUIENTE ACTUALIZACIÓN! :D